El paro ha extendido su sombra desde el sector de la construcción. Las plazas que se generaban desde los edificios, las obras y las reformas tenían un objetivo mayoritario: los inmigrantes.

Una vez secó el flujo de inversiones y con un stock de viviendas sin comprador que rebasa las 800.000 unidades, el ladrillo se ha tendido sobre la lona, y el empleo que generaba no sólo se ha congelado. Además ha iniciado un franco derrotero de destrucción de plazas. El primer resultado: 1 millón de inmigrantes sin empleo.
Con este desempleo, también se ha extinguido uno de los fenómenos migratorios más intenso de los últimos tiempo en Europa. El saldo es de un 30% de desempleo masculino y un 17% femenino entre la población inmigrante, cifras mucho más alta que la media del desempleo nacional.
El Anuario de la Inmigración en España del 2009 (editado por la fundación Cidob de Barcelona y coordinado por Eliseo Aja, catedrático de Derecho Constitucional de la Universitat de Barcelona, Joaquín Arango, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, y Josep Oliver, catedrático de Economía Aplicada de la Universitat Autònoma de Barcelona) la cifra de desempleados inmigrantres rebasa ya los 1,2 millones de personas.
Fuente: La Vanguardia
Imagen: Cope













