Esta división entre perdedores y ganadores se desprende de ideologías surgidas durante la década de los ochenta en los Estados Unidos y en los noventa en otros continentes. Se basa en lo que tiene que ver con el éxito logrado por un trabajador de una empresa que comienza en niveles inferiores de la misma hasta llegar a los más altos puestos de una compañía que en general suele ser de carácter internacional o también denominada multinacional.
El perdedor sería aquella persona que no logra obtener estos niveles de éxito y que por lo tanto no ha llegado a configurarse en un ganador, es un perdedor.
Sucede que en general, el ganador puede transformarse en perdedor a pesar de haber llegado a puestos de importancia en una compañía y esto sucede cuando ya no le sirve a la misma o sus “años de gloria” ya pasaron o son parte de la historia.
Estas categorías han causado verdaderas patologías mentales, trastornos de ansiedad frecuentes en determinados tipos de empleo que exacerbaban esta ideología del éxito y el fracaso. Justamente el miedo al fracaso se constitutía en síntomas varios como puede ser el trastorno de ansiedad o ataques de pánico.
Es así que los modelos de excelencia, muy vigentes aún en una gran cantidad de compañías internacionales suelen transformarse en verdaderas “máquinas trituradoras de carne humana” o de personas.
Existen autores como es el caso de Vincent de Gaulejac que han tratado en forma muy buena y analítica esta problemática en una obra en particular llamada “El costo de la excelencia”. Aquí se refleja muy bien este tema tomando casos reales de funcionarios y personas que pasaron por este problema.
Así que ya sabeis, a no tomarse tan en serio esto de los “ganadores y perdedores”, que nadie te “marque la agenda” sobre lo que vales.













