A veces, cuando las cosas no funcionan, y no hallamos el empleo deseado, queda un recurso por explorar: la relocalización. Cambiar de localidad para encontrar en un mejor ambiente empresarial, un nuevo trabajo.
Desde luego, no se trata de una decisión fácil, y es un paso que debe meditarse hasta en sus últimos detalles.
¿Cuándo debemos considerar una relocalización?
El primer factor a considerar, y el más importante, es la dicotomia que se abre ante la perspectiva de todo aquel que se impone el proyecto de cambiar de lugar de residencia:
La familia y los amigos son nuestros soporte y esencia, las raíces a las que podemos acudir en momentos de aflicción y conflicto, y es un hecho que la distancia va a resentir y en muchos casos anular la eficacia de esos soportes.
Del otro lado, está la oportunidad, que sólo es una idea o una intuición, la mayor parte de las veces, y lo seguirá siendo si no la convertimos en una realidad palpable mediante la investigación, la información real y una evaluación honesta y pormenorizada de nuestras habilidades y limitaciones.
No podemos oponer una posibilidad contra la realidad concreta de los afectos. Sólo podemos oponer a lo papaple una oportunidad real y tangible, existente.
Fuente: Penelope Trunk
Imagen: Ficciones Reales













