Si la empresa que abandonamos no está en su mejor momento, ni tiene perspectiva de expansión, sin duda hay que buscar nuevos horizontes, pero aún en este caso no se justifica del todo una relocalización. Entonces entre otro factor en juego: la satisfacción personal.
Podemos ir en contra de nuestras lealtades familiares y sentimentales, podemos poner la ambición por encima de la comodidad de nuestro trabajo actual, pero no podemos, bajo ninguna circunstancia, ir en contra de nuestra satisfacción personal.
Las decisiones para emigrar no se basan exclusivamente en el nivel de ingresos, en las posibilidades de desarrollo profesional, ni las ambiciones... En buena medida, tomamos las grandes decisiones de nuestra vida debido a la satisfacciones que obtenemos de lo que estamos haciendo. Podemos sobrevivir al estancamiento laboral, a los malos sueldos, pero ni el amor ni la familia nos detendrán si estamos insatisfechos con nuestra vida laboral.
Es decir: nos relocalizaremos sólo si somo infelices en nuestra localidad actual.
Fuente: Penelope Trunk
Imagen: Foro ereiveco Espana













