Para las nuevas generaciones, el correo electrónico es algo que te piden para tener una cuenta de MSN o Facebook. Nunca han intercambiado (ni lo harán) un mensaje por esa vía. Corporativamente, el email empieza a ser más contrapudecente que eficaz. Si bien sustituimos la lentitud del correo tradicional y sus costos, ¿cuál es el costo de las horas empleadas en ingresar, leer, responder, escribir, enviar mensajes al día?

La tendencia de la red, además, nos impele al uso de programas de mensajería cada vez más ligeros e inmediatos. Hoy en día no necesitamos una casilla de correo para comunicarnos en grupo o individualmente a través de Twitter o Facebook. Y estos programas también responden en móviles o smartphones, y tienen su propia capacidad de enviar mensajes.
¿Es necesario compartir archivos? Las redes sociales y los servicios de microblogging permiten subir o enlazar a esos contenidos sin necesidad de descargas y consultarlos sin el uso otros programas (como el Adobe o ofimática).
Y hay una razón con nombre propio que convierte al correo electrónico en un enemigo de la productividad y la economía empresarial: El Spam.
Continúa | ¿Hay que jubilar al correo electrónico? (II)
Fuente |Computer World
Imagen | Gua 3.0













